Del tiempo prehistórico a la hora actual
El reloj es un instrumento de medición del tiempo que permite medir la duración entre dos eventos y muestra la hora exacta. ¿Desde cuándo existe exactamente este dispositivo, quién lo inventó y qué significa exactamente «exacto»? Si echamos la vista atrás unos 3500 años, nos encontramos con los antiguos egipcios. Una época fascinante, no solo por los faraones, sino también por los relojes de sol, que por su funcionamiento también se denominaban relojes de sombra. Este logro, fruto del arduo trabajo de muchos científicos, se considera el inicio de la medición del tiempo moderna. A los relojes de sol les siguió, unos cientos de años después, aproximadamente en el siglo XVI a. C., un revolucionario reloj mecánico: el reloj de agua o clepsidra. Lo especial: la medición y visualización del tiempo independientemente del día y la noche. Al principio, la esfera y el depósito de agua estaban conectados mediante una mecánica sencilla de flotador y contrapeso. Con el tiempo, los mecanismos se volvieron cada vez más complejos y elaborados, y el diseño de los relojes, notablemente más sofisticado. El reloj de agua más famoso es el Reloj del Elefante de Al-Jazari, con la réplica de un elefante a tamaño real que lleva una litera sobre su lomo. En ella se encuentran diversas figuras que se mueven y emiten sonidos tras el paso de cierto tiempo. No hubo muchos relojes así, ya que su construcción era complicada y costosa en tiempo y dinero, pero demuestra que ya entonces el ser humano no solo buscaba medir y mostrar el tiempo, sino también exhibir una pieza de joyería. El reloj de bolsillo fue el predecesor del actual reloj de pulsera
Hasta la Edad Moderna hubo otros inventos para indicar la hora; uno de ellos, el reloj de arena, todavía nos acompaña hoy en una forma similar mientras nos lavamos los dientes. No fue hasta el siglo XV cuando los relojes se hicieron tan pequeños que pudieron instalarse sin problemas en el salón de casa. Una caja protegía ahora el mecanismo del polvo y otras influencias. Hasta entonces, los relojes solo se encontraban en plazas públicas o ayuntamientos. En este sentido, la domesticación del reloj fue similar a la del teléfono, aunque esta última ocurrió más rápido. A partir de ese momento se persiguieron dos objetivos: por un lado, la miniaturización de los relojes y, por otro, la estabilidad y precisión de la medición. El primer objetivo ya estaba al alcance de la mano y se hizo realidad hacia 1504 con la incorporación de un nuevo muelle espiral en la fabricación del «Huevo de Núremberg». Este reloj de bolsillo no solo fue una innovación por su reducido tamaño y diseño interesante, sino que además podía llevarse encima sin que la medición del tiempo se desajustara. Posteriormente, sobre todo en América, los relojes de bolsillo se produjeron en masa a precios muy económicos. Con el tiempo surgieron muchos tipos de relojes específicos de cada país, basados en diferentes principios mecánicos. Lo que en América era el reloj de bolsillo, en Inglaterra era el Grandfather Clock (reloj de pie), un reloj de péndulo grande y robusto, o en Alemania el reloj de cuco. Por cierto, el primer reloj de pulsera no apareció hasta principios del siglo XIX. Hasta entonces, los relojes eran razonablemente precisos en su medición. Con el descubrimiento de los cristales de cuarzo a principios del siglo XX, la precisión mejoró notablemente. Desde el punto de vista actual, esta innovación merece una mención respetuosa, pero nada más, ya que con ella la implementación del GPS y el PTP aún no era posible. El deseo de una hora más precisa creció. Con la construcción del reloj atómico y la consiguiente introducción del reloj radiocontrolado, este deseo se cumplió para la población general, pero no para los científicos. Además de los relojes atómicos, desarrollaron otros instrumentos de medición basados en complejas mediciones de átomos. El reloj más preciso del mundo se encuentra actualmente en EE. UU., con una precisión de 1 segundo cada 13,8 millones de años.